jueves, 3 de septiembre de 2009

La vida es un juego


El tigre espantado de fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa.” (*)


La vida, es decir, la vida dentro de este absurdo amurallado, se reduce a la elección resignada entre un ramo de pesadillas, la escogencia mediocre de una secuencia apuñada de fantasmas para quedarse con el alarido menos espantador. Sin embargo todos ellos crispan los cerros que brotan de la piel cuando adentro tiembla, y pueblan los escalofríos que te asaltan en cada réplica sin anuncios ni razones de culpar. Vos sabés bien cuáles son esas invasiones extrañas que simplemente te sacuden y nunca anuncian su llegada con grito de guerra. Pero nada de esto interesa ahora.


Igual escogés (o creés hacerlo) un pesadilla, la que parezca más pequeñita y más juguetona, que no te muestre los dientes, la que creás que no te va a morder.


Antes, hace tanto que no recordás cuanto, pensabas en escoger entre sueños de catálogo. Y el pedido nunca llegó. Luego con menos ilusión esperaste a que uno de ellos te escogiera a vos, (que el sueño decidiera vivirte y así entonces lo que llegase estaría ineludiblemente bien) tener el primer premio brillante del sorteo, con un lindo lazo rojo y una tarjeta que dijera tu nombre… y así sumaste más calendarios pero tampoco llegó siquiera el premio de consuelo, ni una miserable carta de agradecimiento por tu dedicada porfía dentro del juego de ser feliz.


Entonces pusiste lo que quedaba en una tómbola sucia para sortear tu devenir y viste que solo había pesadillas y, en el mejor de los casos, sueños mediocres, días muertos e insípidos adornados con las delicias burguesas de la conformidad. Te quedaste ahí y no volviste a comprar billetes con las cifras de la suerte (tu número de inviernos, el día de su cumpleaños, la fecha predilecta para el día de tu muerte), no volviste a apostar ¡jamás lo volviste a hacer! a la vida rebosante sin fin en el casino donde tu felicidad era posible.


Y aunque públicamente no lo aceptés, algunas veces, escondida tras ese sombrero para que nadie te conozca, furtiva y nerviosa volvés a comprar un numerito y ansiosa jugás de nuevo deseando ganar.


El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en una esquina. Morirá con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.” (*)


(*)José Martí.

1 comentario:

Luciérnaga Enojada dijo...

Primero: José Martí, aaaaaay -suspiro- José martí... José Martí es un orgasmo, ¿estamos de acuerdo?
Escuché un susurro a mi oído dicendo que "sí".
Me gusta la entrada, porque en realidad, ¿quién es la persona que osa en decir que nunca apuesta por nada? Creo que nadie.
Miles de apuestas perdidas, miles de minutos en desperdicio y miles de emociones tiradas al basurero. Pero, ¿nos quedamos sin nada ahora? No, ¡esto recién empieza!
Porque entre más se pierda, más nos hundimos en la esperanza, más obstinados nos volvemos.
¿Obstinados quiénes? Tú y yo. Todos nosotros.

Así que... ¿Qué vamos a apostar ahora?